
Los hoteles Barcelona Princess y Negresco Princess han reducido en un año 7.183 kg de desperdicio alimentario, una cifra que equivale aproximadamente a 2,6 toneladas de CO₂-eq.
Este resultado no responde a una acción aislada, sino a un modelo de gestión que entiende la sostenibilidad como una herramienta para mejorar la eficiencia, reducir costes y reforzar el posicionamiento estratégico. En paralelo, los hoteles consolidan una buena evolución en ocupación y una mejora en el grado global de satisfacción de la clientela, lo que refuerza una idea cada vez más relevante para el sector: cuando la circularidad se integra en la gestión, no resta competitividad, sino que la refuerza.
La transformación viene de lejos. Princess empezó a incorporar criterios ambientales y sociales en 2004, en un momento en que la sostenibilidad aún no ocupaba un lugar central dentro del sector hotelero. Con los años, este enfoque ha evolucionado hasta convertirse en un sistema estructurado. En el marco de Princess 360, el grupo desplegó en 2024 su Plan de Prevención del Desperdicio Alimentario, con objetivos concretos e indicadores medibles.
Una de las claves del proyecto ha sido la incorporación de una plataforma de inteligencia artificial que permite cuantificar diariamente los residuos por tipología, analizar patrones de consumo y ajustar las compras con mayor precisión. Los resultados son especialmente significativos en el Hotel Barcelona Princess, donde se ha alcanzado una reducción del 53 % de los gramos por comensal, mientras que en el Negresco Princess la reducción ha sido del 21 %. Este ajuste se ha conseguido sin reducir ni la oferta ni la calidad del servicio, sino eliminando ineficiencias como la sobreproducción, los excesos en el formato de bufé o las desviaciones en la previsión de la demanda.
Según la dirección de los hoteles, representada por Santiago Hernández Zayas, “la sostenibilidad solo es real cuando se convierte en método. Cuando se mide, se ajusta y se optimiza sin comprometer la experiencia de la clientela, el retorno es ambiental, reputacional y económico”.
Este modelo también se concreta en otras medidas de circularidad ya integradas en la operativa de los hoteles, como la sustitución de amenities monodosis por dispensadores recargables, la eliminación del plástico en los puntos de restauración, el uso de productos a granel en los desayunos o el upcycling de vidrio en el servicio de restauración. Lejos de ser gestos simbólicos, estas actuaciones forman parte de un modelo que reduce costes recurrentes y refuerza la coherencia de marca.
Princess exhibe, además, certificaciones como ISO 14001:2015, Biosphere y EMAS, que avalan un sistema de gestión consolidado. En este contexto, el grupo ha decidido declarar 2026 como el año de la circularidad y el residuo cero, con el compromiso de anunciar nuevas iniciativas a lo largo del ejercicio.
Con este enfoque, Princess defiende que, en la hotelería contemporánea, el lujo ya no se mide por el exceso, sino por la inteligencia en la gestión: menos residuos, menos emisiones y más eficiencia, sin renunciar a la calidad de la experiencia.
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