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    La 16ª economía del planeta no es un país, es el turismo MICE

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    El turismo MICE genera a nivel global un impacto superior a los 3,2 billones de dólares, magnitud que si se midiera como la economía de un país le llevaría a ocupar en torno al puesto 16 entre las potencias del mundo. Estos son datos que revela el último estudio de Oxford Economics para el Events Industry Council, y en los que se apoya la Asociación Española de Agencias de Incentivo (IdeMice) para sostener que el turismo MICE es, efectivamente, turismo, pero también economía, conocimiento e impacto territorial.

    «El alcance y transversalidad económica del MICE confirma que no hablamos de una actividad marginal, sino de un segmento estratégico que mueve viajeros, inversión, empleo y actividad en destino, y que debe ser considerada a todos los niveles como parte del turismo», afirma Iñaki Collado, presidente de IdeMice.

    Desde esta asociación se argumenta que, aunque el MICE no existe para llenar hoteles ni para incrementar pernoctaciones, esa es precisamente una de las claves de su valor. Su finalidad principal es compartir conocimiento, reconocer el talento, fortalecer relaciones, impulsar la innovación, generar negocio y transformar organizaciones. Sin embargo, esa finalidad no le resta un ápice a su condición turística. Cuando miles de personas se desplazan para asistir a congresos, convenciones, ferias o viajes de incentivo, utilizan transporte, se alojan, consumen y descubren destinos. Y eso es turismo en su sentido más completo.

    Un potente acelerador económico

    IdeMice reclama que poderes tanto públicos como empresariales deben enfocar correctamente la naturaleza del MICE, ya que la cuestión no es si el MICE es o no es turismo —porque lo es—; lo relevante es que el viaje es el soporte, pero el verdadero valor se produce en el encuentro, en las relaciones profesionales, en la transferencia de conocimiento y en la capacidad de atraer actividad de alto valor añadido. Por eso el MICE conecta con sectores como la empresa, la ciencia, la innovación, la diplomacia y la inversión, y multiplica su efecto mucho más allá del simple desplazamiento.

    Desde esta perspectiva, la asociación reivindica que el MICE actúa como un eficaz acelerador económico para los destinos. Genera gasto en transporte, alojamiento, restauración, tecnología, servicios profesionales y dinamiza la oferta complementaria, con un impacto directo sobre la cadena de valor turística y los proveedores locales. Además, contribuye a desestacionalizar la demanda, a distribuir mejor los flujos y a posicionar ciudades, e incluso regiones, como destinos competitivos en la captación de reuniones, eventos y talento. «El impacto de nuestra actividad es medible, tangible y estructural», recalca Collado.

    Precisamente por ello, IdeMice considera que ha llegado el momento de empezar a explicar el impacto del turismo MICE con referencias que cualquier ciudadano pueda comprender. El presupuesto de un gran congreso internacional o de un viaje de incentivo de gran formato puede alcanzar magnitudes económicas comparables al coste de construcción de un centro educativo, la rehabilitación de un equipamiento cultural o el desarrollo de importantes infraestructuras públicas. La diferencia es que, mientras una inversión pública concentra el presupuesto en una única actuación, el turismo MICE distribuye ese mismo volumen de riqueza entre hoteles, restaurantes, empresas de transporte, espacios culturales, proveedores tecnológicos, productores locales y centenares de pequeñas y medianas empresas del territorio, generando empleo, actividad económica y recaudación fiscal de forma inmediata.

    Por otra parte, el MICE aporta una dimensión de la proyección internacional nada desdeñable. Un congreso, una feria o una acción de incentivo proyectan marca, reputación y capacidad de atracción. Los destinos que acogen MICE ganan visibilidad, fortalecen su posicionamiento y abren puertas a nuevas oportunidades económicas y empresariales. En ese sentido, IdeMice defiende que el turismo MICE no solo acompaña al turismo tradicional, sino que lo eleva.

    En definitiva, el MICE es no sólo sino mucho más que turismo. Su fuerza reside justo en esa doble condición, porque es un segmento que viaja, aporta ocupación hotelera, consume servicios y descubre destinos, pero que además genera conocimiento, negocio, innovación y transformación territorial. «Por todo ello, el futuro del sector pasa por asumir con orgullo su papel dentro del turismo y por reivindicar su valor estratégico como una de las actividades más influyentes de la economía global», concluye el presidente de IdeMice.

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