
Los resultados recogidos en la encuesta sobre hábitos y motivaciones de viaje que la cadena hotelera Eurostars Hotel Company ha efectuado sobre sus clientes, de cara a 2026, confirman algo que el sector hotelero ya percibía: viajar ha dejado de ser un paréntesis puntual para convertirse en una extensión natural de la vida cotidiana.
Con cerca de 3.000 respuestas recogidas, el estudio dibuja un nuevo mapa de prioridades en el que la frecuencia, la experiencia y la conexión emocional ganan peso frente a la duración o el carácter excepcional del viaje.
Uno de los datos más reveladores es la clara preferencia por las escapadas cortas y frecuentes, elegidas por más del 70 % de los encuestados como la forma de viaje más habitual en el próximo año. Frente a los viajes largos y puntuales, el viajero apuesta por integrar el viaje en su rutina vital.
Este cambio refuerza una tendencia clave: el valor ya no está en la duración de la estancia, sino en su capacidad para encajar en la rutina laboral, que no requieren planificación compleja y que aportan valor inmediato. El viaje deja de ser excepcional para convertirse en un hábito, algo que se integra de forma natural en la vida cotidiana.
Lejos de concebirse únicamente como ocio, viajar aparece cada vez más vinculado al bienestar emocional. Descansar, desconectar, celebrar o simplemente cambiar de escenario son motivaciones que atraviesan muchas de las respuestas.
Esta lectura conecta directamente con el auge del wellness & restorative travel, entendido no solo como spa o retiros, sino como experiencias que permiten bajar el ritmo, recuperar equilibrio y cuidarse sin grandes artificios.
La encuesta efectuada confirma también una clara inclinación hacia experiencias locales auténticas. La gastronomía, la cultura y el contacto real con el entorno sustituyen a las propuestas genéricas. El viajero quiere entender el destino desde dentro, aunque sea durante una estancia breve.
En este contexto, el hotel deja de ser un simple lugar donde dormir para convertirse en un mediador entre el visitante y el lugar que visita: un espacio desde el que acceder a la identidad local de forma sencilla y cuidada.
Los resultados apuntan a una expectativa creciente de personalización. El viajero no busca necesariamente experiencias únicas en sentido extremo, sino opciones que encajen con su momento vital, su ritmo y sus intereses.
La hiperpersonalización se traduce así en una oferta flexible, diversa y modulable, donde el cliente puede elegir cómo quiere vivir su estancia sin sentirse encorsetado en un modelo estándar.
Otro de los grandes aprendizajes del estudio es el peso del slow travel y del redescubrimiento de destinos conocidos. Frente a la obsesión por acumular lugares, gana terreno el placer de volver a sitios ya visitados desde una perspectiva distinta.
Este enfoque favorece destinos menos masificados y hoteles con carácter, especialmente aquellos con historia o una fuerte personalidad arquitectónica, que añaden una capa narrativa al viaje.
Finalmente, el análisis refuerza la evolución de los programas de fidelización. El viajero ya no busca solo descuentos, sino pertenecer a comunidades que le ofrezcan experiencias, ventajas relevantes y una relación emocional con la marca.
La fidelización se construye desde la coherencia, la frecuencia y la capacidad de acompañar al viajero a lo largo del tiempo, no solo en el momento de la reserva.
La tecnología y la inteligencia artificial se destacan no como un fin en sí mismo, sino como un facilitador del viaje. Los viajeros consultados valoran especialmente aquellas soluciones que simplifican la planificación, agilizan decisiones y permiten acceder a recomendaciones ajustadas a sus intereses. La expectativa no es “más tecnología”, sino una tecnología que ahorre tiempo, reduzca fricciones y permita centrarse en lo esencial: disfrutar del viaje. En este contexto, la IA se percibe como una aliada silenciosa que mejora la experiencia sin protagonismo.
En conjunto, los resultados del estudio reflejan una transformación profunda: el viaje se integra en la vida como una necesidad emocional y cotidiana. Viajar menos tiempo, pero más veces. Viajar para cuidarse. Viajar para reconectar.
Para el sector hotelero, el reto ya no es anticipar estas tendencias, sino saber traducirlas en experiencias reales, coherentes y memorables. Porque en 2026, más que nunca, viajar no será solo irse lejos, sino sentir que te encuentras en el lugar adecuado.
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