
El verano ya no se entiende únicamente como una pausa en el calendario. Para muchos viajeros se ha convertido en una oportunidad para recuperar energía, descubrir nuevas formas de vivir un destino y regresar a casa con una experiencia que merezca ser recordada.
Así lo refleja la encuesta realizada por Eurostars Hotel Company a más de 2.000 clientes enmarcado en su proyecto de innovación abierta y escucha activa Hotel Tester Ideas. Los resultados del estudio dibujan un perfil de viajero más consciente, planificador y exigente con el alojamiento. La playa continúa ocupando un lugar destacado, pero comparte protagonismo con la cultura, la gastronomía, el bienestar y la búsqueda de lugares menos saturados.
El 52 % de los encuestados afirma que su principal objetivo durante las vacaciones es descansar y desconectar. Por detrás aparecen descubrir nuevos lugares y culturas, con un 34,5 %, y vivir experiencias únicas, con un 13,5 %.
El dato confirma una tendencia clara: en un contexto marcado por el ritmo acelerado y la hiperconexión, el descanso se ha convertido en una de las experiencias más valoradas. Viajar ya no consiste necesariamente en llenar cada jornada de actividades, sino también en reservar tiempo para parar.
La playa y los entornos naturales siguen encabezando las preferencias, elegidos por el 45,5 % de los participantes. Sin embargo, las ciudades con una oferta cultural y gastronómica atractiva alcanzan un significativo 38,5 %.
Lejos de existir un único modelo de vacaciones, el viajero actual combina el deseo de relajarse con el interés por conocer el destino. Los enclaves menos conocidos y alejados de las rutas habituales también ganan espacio y convencen al 16 % de los encuestados.
La improvisación pierde terreno. Un 57 % de los viajeros organiza sus vacaciones con antelación, mientras que un 35 % combina planificación y espontaneidad. Solo el 8 % decide gran parte del viaje sobre la marcha.
Reservar antes permite controlar mejor el presupuesto, asegurar los alojamientos preferidos y acceder a las experiencias más demandadas. La espontaneidad no desaparece, pero se integra dentro de una estructura previamente definida.
A la hora de elegir alojamiento, el 59 % prioriza el confort y las instalaciones. La ubicación es el factor decisivo para el 31 %, mientras que el 10 % busca una experiencia diferencial y auténtica.
El alojamiento deja así de ser únicamente un lugar para dormir. Una buena habitación, una piscina, un spa, una terraza o una propuesta gastronómica cuidada pueden condicionar tanto la elección del viaje como el propio destino.
Las propuestas culturales y gastronómicas son las más deseadas para el 62 % de los participantes. El bienestar y la relajación ocupan la segunda posición, con un 26 %, y las actividades de aventura y naturaleza alcanzan el 12 %.
El viajero quiere comprender dónde está, probar sus sabores y acercarse a sus costumbres. Visitar un mercado local, conocer un edificio histórico o sentarse a una mesa vinculada al territorio aporta una dimensión más profunda a las vacaciones.
El móvil se ha convertido en un compañero inseparable del viaje. El 47,5 % utiliza la tecnología para planificar prácticamente todos los detalles y el 43,5 % recurre a ella para cuestiones concretas. Solo el 9 % intenta depender lo menos posible de las herramientas digitales.
Reservas, mapas, recomendaciones, entradas o traducciones se concentran en una única pantalla. La tecnología facilita el viaje, aunque el verdadero reto consiste en utilizarla como apoyo sin permitir que interfiera en la experiencia.
El 65 % prefiere compartir las vacaciones con su pareja. Los viajes con amigos o familiares representan el 30 %, mientras que viajar en solitario o con la intención de conocer gente reúne al 5 %.
La escapada en pareja continúa asociándose con el descanso, la celebración y la posibilidad de recuperar tiempo compartido. No obstante, los viajes multigeneracionales y las experiencias entre amigos mantienen un peso importante.
El 61 % de los viajeros no renuncia a los destinos conocidos, aunque procura visitarlos fuera de temporada o evitar sus zonas más concurridas. Un 21 % se decanta directamente por alternativas menos populares, frente al 18 % que valora la concentración de experiencias de los grandes destinos.
El problema no parece estar en la popularidad del lugar, sino en la masificación. Los viajeros buscan formas más tranquilas de descubrirlo: otros horarios, barrios menos transitados y temporadas con menor afluencia.
Al preguntar qué desean conservar del viaje, las respuestas aparecen muy equilibradas. El 34 % quiere haber vivido experiencias que pueda contar; el 34 %, haber aprendido o descubierto algo nuevo; y el 32 %, haber descansado y recuperado energía.
La fotografía perfecta sigue teniendo valor, pero el recuerdo más importante es emocional. Una conversación, un sabor inesperado o un lugar descubierto por casualidad pueden convertirse en la verdadera memoria de las vacaciones.
Las experiencias vinculadas a la cultura local se presentan como la principal tendencia para 2026, elegidas por el 46 %. El bienestar y el autocuidado alcanzan el 29 %, mientras que los destinos emergentes y menos concurridos convencen al 25 %.
El futuro del turismo parece avanzar hacia viajes más humanos y conectados con el territorio. Menos experiencias estandarizadas y más propuestas capaces de mostrar la identidad real de cada lugar.
Los resultados muestran que el viajero busca algo más que cambiar de escenario. Quiere descansar, comer bien, conocer el destino y evitar la sensación de estar siguiendo el mismo recorrido que todos los demás.
La gran tendencia del verano no es un lugar concreto, sino una forma diferente de viajar: con más planificación, más comodidad y una mayor atención a aquello que hace único cada destino.