
La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una herramienta habitual para planificar viajes. Lo que hace apenas unos meses era una curiosidad tecnológica, hoy forma parte del proceso de decisión de un número creciente de viajeros, que recurren a estas plataformas para diseñar rutas, comparar destinos o elaborar itinerarios completos en cuestión de segundos.
Esta evolución también está transformando el trabajo diario de las agencias de viajes. Según observa DIT Gestión, grupo de gestión de agencias de viajes independientes en la Península Ibérica, cada vez son más los clientes que acuden a las oficinas con un viaje previamente diseñado mediante inteligencia artificial y solicitan únicamente su validación o gestión.
Sin embargo, en muchos casos, esos itinerarios requieren modificaciones antes de poder convertirse en una reserva real.
Entre las incidencias más habituales detectadas por las agencias se encuentran conexiones imposibles entre vuelos y trenes, tiempos insuficientes para realizar desplazamientos, hoteles que no encajan con la ruta prevista, propuestas excesivamente ajustadas para el tiempo disponible o información desactualizada sobre requisitos de entrada y operativa de determinados destinos.
No se trata de que la inteligencia artificial no sea capaz de generar propuestas atractivas. De hecho, su capacidad para sintetizar grandes volúmenes de información y ofrecer alternativas personalizadas la convierte en una herramienta muy útil durante la fase de inspiración.
El reto aparece cuando ese itinerario debe adaptarse a la realidad operativa del viaje.
Desde DIT Gestión consideran que la irrupción de la inteligencia artificial está modificando la forma en que los viajeros preparan sus vacaciones, pero recuerdan que acceder a información no equivale necesariamente a tomar la mejor decisión.
«La inteligencia artificial permite inspirar, comparar y organizar un viaje en muy poco tiempo. Sin embargo, transformar esa información en un itinerario realmente viable requiere analizar muchos factores que no siempre aparecen en una búsqueda automatizada: conexiones reales, ritmo del viaje, perfil del viajero, estacionalidad o capacidad de reacción ante cualquier imprevisto», señalan desde el grupo.
Precisamente esa capacidad de interpretación es la que, según el grupo, continúa aportando valor al trabajo del agente de viajes, cuya función va más allá de la reserva de servicios para convertirse en un asesor que acompaña al cliente antes, durante y después del viaje.
Lejos de plantear un escenario de sustitución, DIT Gestión considera que la inteligencia artificial se está consolidando como una herramienta complementaria que agiliza la búsqueda de información y facilita la inspiración del viajero.
Su incorporación supone una evolución natural en la forma de planificar los viajes, del mismo modo que en su día lo hicieron los comparadores, los metabuscadores o las reservas on line.
La diferencia continúa estando en el criterio profesional. Mientras la inteligencia artificial organiza información, el agente de viajes la interpreta, la adapta a cada viajero y ofrece una respuesta cuando el viaje deja de ser una planificación y pasa a enfrentarse a situaciones reales.
Porque un viaje no solo consiste en construir un itinerario atractivo. También implica garantizar que cada decisión sea viable, que cada conexión funcione y que, si algo cambia, haya un profesional capaz de resolverlo.
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