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    El directivo hotelero frente al desafío regenerativo: liderar más allá del hotel

    Imagen de kues1 en Freepik

    En la hotelería solemos hablar de innovación, de eficiencia y de experiencia de cliente. Pero hoy, la conversación más relevante no ocurre en los pasillos de los hoteles ni en los foros de inversión: ocurre en la intersección entre territorio, comunidad y propósito. Y aquí, una idea empieza a ganar fuerza: la hospitalidad regenerativa no será una tendencia; será el nuevo estándar de liderazgo.

    Los informes más recientes del sector coinciden en que la sostenibilidad, tal como la entendíamos, ya no basta. El modelo regenerativo —que busca generar un impacto neto positivo en los destinos— se perfila como la evolución natural de la industria hotelera. Un enfoque que deja atrás la lógica del “menos daño” para abrazar la lógica del “más valor”: restaurar ecosistemas, fortalecer comunidades y revitalizar economías locales.

    Sin embargo, esta transformación no depende de certificaciones ni de departamentos de sostenibilidad. Depende de una figura que, paradójicamente, rara vez forma parte central del debate: el directivo hotelero.

    Durante años, la dirección hotelera se ha evaluado por métricas claras: RevPAR, GOPPAR, ADR. Hoy, aunque siguen siendo esenciales, ya no cuentan toda la historia. Las nuevas expectativas del sector y del viajero contemporáneo obligan a los directivos a adoptar un rol ampliado: curadores del territorio, responsables no solo de lo que sucede dentro del hotel, sino de cómo ese hotel influye en el entorno que lo acoge.

    Los ejemplos internacionales lo evidencian. Proyectos como Six Senses Southern Dunes en AMAALA, diseñado para regenerar ecosistemas desérticos y convertirse en el primer resort LEED Platinum del desierto, nacen de decisiones directivas valientes y estratégicas.

    En Raja Ampat, Misool Eco Resort logró crear una reserva marina de 300.000 acres gracias a un liderazgo que entendió que la conservación no es un coste, sino una inversión en futuro.

    Y en el Himalaya, el Sherpa Hospitality Group demuestra que un hotel puede ser un motor de orgullo cultural y prosperidad local cuando la dirección se compromete con la comunidad.

    Estos casos muestran que un hotel regenerativo no surge por fuerza del mercado: surge por visión directiva.

    Competencias que definen a un directivo regenerativo

    No hablamos simplemente de un gestor eficiente, sino de un líder con una  combinación de competencias que la industria empieza a valorar como imprescindibles:

    • Visión sistémica, para entender el hotel como parte de un ecosistema mayor.

    • Alfabetización ambiental y social, clave en un entorno donde el impacto importa tanto como la cuenta de resultados.

    • Capacidad de colaboración, porque la regeneración exige alianzas con administraciones, ONGs y comunidades.

    • Liderazgo inspirador, que movilice equipos que buscan propósito además de un empleo.

    • Innovación con sentido, desde trazabilidad alimentaria hasta modelos circulares en F&B.

    No es casualidad que muchos estudios señalados por EHL definan esta nueva era como una era de liderazgo human-centric, donde la empatía, la transparencia y la visión a largo plazo son tan estratégicas como la gestión financiera.

    Los grandes operadores ya están entendiendo que el impacto es un activo estratégico.
    Un hotel regenerativo; atrae talento comprometido, fideliza huéspedes que buscan propósito, reduce riesgos regulatorios, y fortalece su resiliencia a largo plazo.

    Pero el mayor beneficio es intangible: posiciona a su directivo como referente, como un líder capaz de transformar no solo un activo, sino un destino.

    En la columna vertebral de este modelo hay una convicción: el turismo no puede prosperar si el destino no prospera.

    El liderazgo regenerativo es, en última instancia, un nuevo contrato moral entre el hotel y su entorno. Implica devolver más de lo que se toma. Proteger en lugar de consumir. Colaborar en lugar de competir. Inspirar en lugar de imponer.

    Y si algo nos enseñan proyectos como Misool, Six Senses Ibiza o Dunas de Formentera, es que cuando un hotel decide regenerar, el territorio responde.

    La hospitalidad regenerativa no es un lujo, ni una moda. Es una invitación.

    Una llamada para que los directivos hoteleros lideren de forma más consciente, más valiente y más humana.

    El futuro del sector no pertenecerá al hotel que más crezca, sino al que más contribuya. Y el directivo que entienda esto no solo gestionará mejor: dejará un legado. Un legado que no se mide en metros cuadrados ni en KPIs, sino en el impacto positivo que deja sobre un territorio y su gente.

    Por Regina Santamaria, de Associate Partner at Page Executive – Tourism & Hospitality

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