
Aunque el turismo de ocio sigue siendo el gran protagonista en España, los viajes de negocios continúan ganando espacio dentro del sector y en la actividad de diferentes ciudades del país. En 2025, este segmento generó un impacto económico estimado de 6.615 millones de euros, una cifra que refleja el peso de la movilidad corporativa dentro del mercado turístico nacional.
En este contexto, Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Málaga encabezan el top 5 de ciudades españolas que más viajeros de negocios han recibido en lo que va de 2026, según los registros de BizAway, scale-up especializada en la gestión de viajes de empresa. Un ranking que, además, se mantiene sin cambios respecto al mismo periodo de 2025, consolidando el peso de estos cinco destinos dentro del mapa nacional del business travel.
“Los viajes corporativos nacionales ayudan a entender dónde se está concentrando la actividad empresarial. No solo hablan de grandes capitales, sino también de ciudades que ganan relevancia por su tejido productivo, su conectividad, su capacidad para acoger eventos o su papel en determinados sectores estratégicos”, explica Luca Carlucci, CEO y cofundador de BizAway.
La movilidad dentro del país continúa teniendo un peso mayoritario. Según los datos de BizAway, el 71 % de los viajes corporativos registrados en España corresponde a desplazamientos nacionales, mientras que el 29 % restante tiene carácter internacional. De estos últimos, un 22 % procede de Europa y un 7 % de fuera del continente.
Dentro de España, Madrid y Barcelona son también las principales ciudades de origen de los viajeros que se desplazan hacia los destinos que encabezan el ranking, reforzando el papel de ambas ciudades como grandes nodos de la movilidad corporativa nacional.
Además del destino, los datos permiten dibujar cómo son estos desplazamientos. Los viajes nacionales hacia las ciudades del ranking tienen una duración media de dos días, lo que refleja un modelo de movilidad vinculado principalmente a estancias cortas.
La planificación también varía según el servicio. De media, los viajeros corporativos reservan el alojamiento con unas dos semanas de antelación, mientras que en el caso de los vuelos el margen aumenta hasta aproximadamente tres semanas.
“Estamos viendo cómo las empresas planifican sus desplazamientos con más criterio. Ya no se trata únicamente de decidir cuándo o dónde viajar, sino de entender qué aporta cada desplazamiento al negocio. Esa capacidad de planificar mejor es la que permite convertir la movilidad corporativa en una herramienta de eficiencia y crecimiento”, añade Carlucci.
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