
Después del auge de las reservas de última hora registrado el pasado verano, este 2026 marca un cambio de tendencia. Según datos internos de la plataforma de viajes sostenibles Evaneos, los viajeros españoles han vuelto este año a organizar con más antelación sus vacaciones.
Las reservas realizadas en la plataforma durante el mes de junio para viajar en julio y agosto, consideradas de última hora, representan este año el 8,84 % del total, frente al 17 % del verano pasado. Y, curiosamente, casi la mitad de las realizadas en junio corresponden a familias (un 49,4 %), especialmente las que viajan con adolescentes.
Para la compañía, esta evolución refleja un cambio en el comportamiento del viajero. En un contexto marcado por la incertidumbre económica y la situación geopolítica internacional, cada vez son más quienes prefieren asegurar con tiempo tanto el destino como el presupuesto de sus vacaciones, frente a la espontaneidad que caracterizó al verano de 2025.
«El verano pasado vimos un fuerte crecimiento de las reservas de última hora, pero éste observamos claramente un regreso a la planificación. Los viajeros quieren llegar a sus vacaciones con la tranquilidad de tener asegurados el destino, la disponibilidad y el presupuesto, especialmente cuando hablamos de grandes viajes», explica Aurélie Sandler, coCEO de Evaneos.
Este cambio también se refleja en los destinos elegidos por los viajeros. Costa Rica y Perú continúan consolidándose como dos de los grandes clásicos del verano, tanto entre quienes reservan con antelación como entre quienes lo hacen a última hora. Sin embargo, para quienes han reservado a última hora, el mapa de preferencias cambia, Los países más habituales para estas reservas de último minuto, como Vietnam o Tailandia, han sido reemplazados -en parte por la situación geopolítica- por otros como China, Marruecos y Sri Lanka entre los preferidos este año.
Aunque sigue existiendo un perfil de viajeros que organiza sus vacaciones con muy poca antelación, en Evaneos consideran que este comportamiento responde cada vez menos a la búsqueda de ofertas de última hora y más a circunstancias personales o laborales que obligan a retrasar la decisión.
De hecho, la duración media de estos viajes se mantiene prácticamente igual que la del conjunto del verano, con 11 días, lo que demuestra que la reserva de última hora ya no está asociada a escapadas improvisadas o vacaciones más cortas, sino a viajes de larga distancia cuidadosamente diseñados, aunque se contraten más tarde.
«La flexibilidad sigue siendo importante para muchos viajeros, pero ya no es el principal motivo para reservar en el último momento. Hoy la planificación vuelve a ganar peso y quienes esperan hasta el final suelen hacerlo porque necesitan confirmar sus vacaciones, coordinar calendarios familiares o resolver cuestiones personales antes de decidirse», concluye Sandler.
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